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El príncipe Prahlada, heredero del tirano Hiranyakashipu, se negó a obedecer las órdenes de su padre. Si no estaba dispuesto a adorar al rey por encima del mismísimo Vishnu, su padre le quitaría el móvil y le castigaría sin salir. Y nada de Hombres, Mujeres y Viceversa hasta que no le pidiera perdón. Pero como el zagal no escarmentaba, Joliká, la malvada hermana del rey, decidió tomar cartas en el asunto, que para eso están las tías. Un “a tu madre la torearás pero a mí no” y un “tu padre no te pegará pero como yo me quite el cinturón verás”, la llevaron a planificar la muerte de la criatura rebelde. Ríete tú de Pedro García Aguado.

La tía puso al niño en su regazo, con el culo en pompa. Pero en vez de sacudirle estopa de la buena, decidió prenderse fuego con el crío en brazos. Porque ella llevaba un manto ignífugo que le protegía de las llamas. Manto que en el último momento cambió de dueño y protegió a Prahlada, que vio como su tía moría abrasada por las llamas. El dios Vishnu, aquel al que adoraba el príncipe y que algo había tenido que ver en el asunto mágico, apareció justo en ese instante y, para rematar la faena, mató al rey arrogante. Luego, dios y príncipe juntos, decidieron salir a tomar algo, organizaron un botellón con los colegas y, de camino, pillaron unas hamburguesas y algo en el chino.

Y ese es el significado cultural que se esconde detrás del festival Holi, que hemos adoptado y celebramos al tuntun. Hacemos una carrera, nos tiramos polvitos de colores y luego ya echamos el resto del día en lo que sea, menos enterarnos de qué va la película. Ya ve usted, así de flamencos somos nosotros, que nos gusta poco hacer de una capa, un sayo.

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