En mi último viaje a Etiopía, he tenido una experiencia bastante desagradable que no le deseo a nadie. No obstante, me ha servido para recapacitar, darme cuenta de que, en ocasiones, me confío demasiado, dejándome llevar por la infame rutina, y me ha puesto alerta sobre una serie de cuestiones que quiero compartir con todos vosotros.Eras más de las once de la noche. Yo descansaba plácidamente en la cama de mi hotel, en la ciudad de Axum, cerca de la frontera con Eritrea. El hotel es uno de los mejores de la ciudad, un 3 estrellas (africanas) en el que ya había dormido anteriormente en muchos de mis viajes, sin tener ningún contratiempo. Es un lugar obsoleto, decadente, incluso a pesar de ser una entidad privada que cuenta con una asistencia favorable de gente. Pero África es África y hay cosas que son incontrolables. O eso me dijeron después. No quiero que este post pueda causar mal alguno a este hotel, y por eso no lo nombro. Pero no voy a engañar a nadie: en mi siguiente viaje cambié de alojamiento. Da igual. Como os decía, yo descansaba en mi cama, a oscuras, salvo por la luz que desprendía la pequeña televisión encendida, y soportando un calor que empezaba a ser sofocante. Demasiado incluso para la época seca de Etiopía. Así que decidí desprenderme de la fina manta y arroparme solamente con la sábana de color blanco roto, muy roto, roto etíope. Mi sorpresa, al volver a reposar la cabeza sobre la almohada, vino cuando noté un cosquilleo sobre mi muslo. Al fijarme, descubrí que había algo oscuro, artrópodo, invertebrado  y con apéndices articulados que se desplaza sobre la sábana, a la altura de mi muslo. A simple viste me pareció un gusano o algún tipo de oruga, pero cuando alzó su cola trasera me di cuenta, incluso con tan poca luz, de que se trata de un escorpión.

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El animalito estaba descansando plácidamente entre la manta y la sábana. Tan plácidamente como yo lo hacía hasta ese momento bajo la misma tela. Todavía me sorprendo de mi fría reacción: lo tapé, echándole el resto de la sábana por encima y saqué mi pierna tan rápido como pude. Supongo que fue cuestión de décimas de segundo. Me vestí, me calcé (con las consabidas precauciones que ahora os contaré) y tomé mi cámara de fotos. Estaba casi seguro de que no me había picado (lo habría notado, digo yo) pero por si acaso, documenté gráficamente al bicho. Aquí os dejo la foto del mismo campando luego tan campechano sobre mi colcha. Finalmente, lo capturé en un gran cubo de basura verde y lo bajé a recepción, donde lo observaron, sonrieron, me hablaron un poco de estas anécdotas, y lo mataron de un pisotón, como el que pisa una hormiga.

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Lo preocupante es, ¿qué habría pasado si me hubiera picado? Eso es lo que quiero compartir hoy con todos vosotros. Yo me voy a centrar, por razones obvias, en la picadura del escorpión, pero muchas cuestiones que voy a comentar son aplicables a otros envenenamientos por picaduras o mordeduras. Los escorpiones son arácnidos cuyo particular sistema de cacería y defensa consiste en picar con su aguijón ubicado en la parte posterior de su “cola” mediante el cual inyectan veneno compuesto químicamente por proteínas que dañan las células. La peligrosidad de una picadura de estos bichos es relativa, dependiendo de la especie o de nuestra vulnerabilidad al veneno, pero si se visitan lugares en donde existen estos animales siempre es bueno saber qué hacer para prevenirlas y tener claro cómo actuar en caso de que la picadura se presente. O yo, al menos, así lo creo a partir de ahora. Me han dicho, y no he tenido ocasión de confirmarlo, que éste concretamente podría tratarse del conocido como Escorpión Dorado Palestino (conocido también como Deathstalker) y que puede llegar a ser muy peligroso. No quiero ni confirmarlo, la verdad. En cualquier caso, los escorpiones no buscan picarnos ni atacarnos, sino más bien evitarnos. Éste debería de andar un poco perdido. No obstante, aunque las picaduras siempre sean accidentales, aquí están las recomendaciones.

1.- Evitad caminar descalzos: la zona en donde más pican los escorpiones por sus hábitos es en los pies y piernas. Raras veces se suben a dormir a una cama, pero, ya ves tú…

2.- Mantened recogido y limpio el espacio: los escorpiones tienden a esconderse, así que es mejor no ofrecerles lugares para hacerlo.

3.- Antes de poneros los zapatos sacudidlos y revisadlos: estos huecos del calzado son un buen lugar para que los escorpiones se refugien.

4.- Identificad previamente cuál es el hospital o consultorio médico más cercano a tu ubicación, al que tendréis que salir pitando en caso de picadura. Incluso no es ninguna tontería diseñar un plan de emergencia.

5.- Evitad usar perfumes y aerosoles, pues pueden atraer a determinados insectos.

6.- Que no cunda el pánico. Hay que saber convivir con estas situaciones: no olvidéis que, a pesar del temor que podáis sentir por estos bichos, ellos llegaron primero y, de hecho, somos nosotros quienes invadimos su espacio, así que hay que hacerlo con precaución y respeto. Sólo hay que aprender a ser buenos vecinos y no sucumbir al miedo, porque entonces no pegaréis ojo en toda la noche. ¡Sed precavidos!

Ahora bien, puestos en el peor de los casos, imaginad que me quedo dormido, le pego sin querer una patada y el escorpión me pica. Entonces, ¿qué debería hacer?

1.- Mantened la calma: cabeza fría y actuad de acuerdo al plan que previamente diseñasteis  Muy pocos escorpiones son mortales, no son como las serpientes (esa clase de susto aun no la he tenido), así que, aunque sea poco, tenéis tiempo. Hay que actuar rápido pero con calma. A menos que os halléis en un lugar sin medio de transporte, aislado y sin comunicación, siempre habrá un médico cerca. Para eso nos hemos informado previamente. O yo debería haberlo hecho. Ahora ya sé que hay un hospital en Axum, el Saint Mary Hospital (Adwa, Shire (Inda Selassie), Asmara).

2.- Pensad en ir al médico inmediatamente. Es lo más importante. Pero no corráis.

3.- Quitaos cinturones, chalecos, collares, pulseras y todo aquello que pueda dificultar la respiración o la circulación. No hay que hacer nunca un torniquete.

4.- Nunca intentéis succionar el veneno con la boca a lo Cocodrilo Dundee: si tenéis una herida en la lengua, encía o mejillas por minúscula que sea, por allí entrará el veneno.

5.- Evitad los “remedios”,  aunque pase por allí el mejor de los chamanes. Diga lo que diga quien lo diga y sin intención de menospreciar la cultura popular, ninguno sirve ante la picadura de un escorpión realmente peligroso. Hay quien dice que masticar ajo o chocolate actúa como antihistamínico. Mejor evitar sorpresas.

6.- No es muy recomendable automedicarse, sobre todo en el caso de posibles antídotos, porque puede ser peor el remedio que la enfermedad. El de los antídotos es un mundo muy complicado, y hay que estar muy seguro de qué bicho es el que te ha picado. Por eso, siempre que sea posible, es conveniente llevar el bicho con nosotros al hospital, vivo o muerto, para que puedan saber de qué especie se trata. No obstante, mi médico de cabecera me ha recetado Urbason (antiinflamatorio) y Polaramine (antihistamínico), y me ha aconsejado tomar uno de cada en caso de picadura, para controlar un poco los síntomas hasta llegar al hospital.

7.- Cuanto menos movamos la zona afectada por la picadura, mejor. Menos movimiento, menos flujo sanguíneo  Y así el veneno se propaga más lento. Eso sí, se debe poner hielo sobre la zona de la picadura, que hay que lavar bien con agua limpia y jabón.

8.- Armaos de paciencia: será un día o noche totalmente invertida en la sala de urgencias, pues vamos a necesitar ser monitoreados hasta que el médico determine que estamos fuera de peligro.

Espero que os sirva de ayuda todo lo expuesto, aunque, como decía al principio, no le deseo a nadie el susto que me llevé yo.

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